El pacto del 78

La Constitución

 

Mañana es 6 de diciembre. Se cumplirán cuarenta y dos años de nuestra Carta Magna. La clase política que hoy aspira a gobernarnos o no había nacido o eran imberbés ese día en que los españoles hicieron un pacto, un contrato de estilo de nación. El referéndum fue el último paso de un largo caminar, de lo que la historia acoge con el nombre de transición.

 

La transición tuvo un discurrir rápido, gracias a la voluntad de todos de empezar una nueva etapa en la historia de España. El historiador y presidente de la República en el exilio, Sánchez Albornoz, dijo en su regreso a España: “Los españoles de ambos bandos ya nos hemos matado varias veces los unos a los otros” Ese era el espíritu de los padres políticos del 78. El miedo a una nueva matanza entre españoles unía a todas las fuerzas sociales, políticas, económica y militares en la ingente labor de lograr, por fin, la concordia.

 

Solo así se explica que las Cortes Franquistas votasen su propio suicidio y con ella el de gran parte del régimen franquista, sólo así comprendemos aquellos Pactos de la Moncloa donde, izquierdas y derechas, sindicatos y empresarios, se confabularon contra la crisis económica del petróleo. Sólo así fue posible que un sábado santo, Adolfo Suarez, en contra de casi todos, legalizase el Partido Comunista Español con el respaldo y la contención del ejercito por parte del Monarca. Sólo así fue plausible la disciplina hercúlea de sindicalistas y comunistas en los entierros de los asesinatos de Atocha.

Los españoles se otorgaron unos a otros el perdón definitivo, una ley de amnistía y un compromiso de “Nunca Más”.

 

Muchas veces alabada, nuestra Transición ha querido exportarse a otros países en especial iberoamericanos, pero nunca con éxito ¿Por qué? Por qué les faltaba el condimento especial: El horror a volver a vivir el horror.

 

 

Ahora, una generación política mucho menos preparada, con una trayectoria vital insuficiente, trata de reinventar nuestra Transición. Unos quieren apropiarse de ella, cuando la Constitución fue y es de todos, otros quieren abolirla o reformarla por qué les impone una mayoría para cambiar el proyecto de estado que no logran en las urnas, otros nos traen un debate ya cerrado sobre monarquía o república. Una ley de Memoria Histórica que ha reabierto todas esas heridas que nuestros padres decidieron perdonar y olvidar.

El Rey Juan Carlos I, en su discurso de coronación dijo, con palabras sumamente seleccionadas: “Os convoco a todos” Quizás es hora de que alguien vuelve a convocar a todos y reflexionemos sobre cómo, en poco más de diez años, hemos involucionado como sociedad y el estiércol con el que cubrimos el legado de nuestros padres.

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