¿Por qué no te callas?

Aquella mítica frase que D. Juan Carlos I dirigió a Hugo Chávez. Me pregunto yo si el Emérito Monarca tenía dotes adivinatorias y sabía  que la misma frase se podría aplicar a un nuevo chavista décadas después. Si, por qué precisamente eso debe pensar la mitad socialista del gobierno, y aún el PSOE entero, cada vez que el pancartista Iglesias se cruza con un micrófono o un periodista. ¿Por qué no te callas? Lamentaran mientras se mecen los cabellos y deambulan en el Congreso por el salón de los pasos perdidos. Y Sánchez quitándole hierro y diciendo, estos adolescentes políticos, ya se sabe, no miden.

Les veo llevándose las manos a las cabezas y preguntándose: ¿Cuántos votos nos cuesta esta nueva «pablitada»? Quizás quiera ser la siembra automática de votos para VOX y así debilitar a los partidos constitucionales.

La última perla, comparar a Puigdemont con un exiliado del franquismo. Campó, Tarradellas, y otros ilustres, verdaderamente exiliados, sintieron el castañeo de sus huesos cuando el acido aire podemita dejo semejante incontinencia verbal sobre sus mausoleos.

¿Qué pretende el señor Iglesias enunciando sendas majaderías? Ha insultado a todos aquellos quienes tuvieron que exiliarse de verdad por ser perseguidos por sus ideas políticas?

Dígame, señor Iglesias ¿Cuántos exiliados vivieron en las confortables condiciones que ofrece cierta mansión de Waterloo?

 

Mal que le pese a usted, y los independentistas, el ínclito habitante de esa mansión no son exiliados, es un pródigo de la justicia y no se le va a juzgar por sus ideas, si no por saltarse a la torera la piedra filosofal de la democracia: El Estado de derecho. Lo dijo Montesquieu «Por encima de la ley, nadie»

 

Y no solo eso, como Capitán del Crucero Constanza, embarcó en la nave a todos quienes creían en las ideas que el proclama (que no quiere decir que sienta) y cuando el barco de la subversión encallo en los arrecifes del orden y la ley  se marchó corriendo a Bélgica y dejo que otros cargasen con los méritos de la cárcel.

 

¿Por qué no te callas? Que bien se lo dijo a usted D. Juan Carlos I, por eso, el monarca, a usted Pablo, le quita el sueño.

 

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