La batalla de Madrid

Al grito de «No Pasarán»

 

Con la prensa, la televisión y todos los medios de comunicación centrados en la política madrileña, se diría que las próximas elecciones son nacionales. Todos los primeros espadas de los partidos (excepto el sr. Casado) han descendido hasta el circo romano de Madrid. Espada o tridente en mano, depende del color del que mira, enfrentan una batalla, que se diría, como en los invencibles, es el combate final.

Mucho antes del gesto de Mesie de la Colette, Ayuso de Madrid era la pieza clave a cazar según el observatorio del PSOE. Tanto es así que prepararon un desembarco en las costas murcianas pero los barones (y debiera decir baronesas según esa estupidez del lenguaje inclusivo) del PP jugaron mejor al póker que Pedro Sánchez y defendieron sus ganancias con buen hacer y mejor saber estar. Al premier socialista le explotó su bomba en las manos y Madrid convocó elecciones. La estratagema de plantear mociones de censura llegó dos horas tarde y ahora, el próximo dos de marzo, serán los electores de Madrid (y no unos simples diputados autonómicos) los que decidan que quieren para su comunidad.

Desde entonces Sánchez ha perdido el sueño. Si algo ha demostrado en su trayectoria política es que no es tonto, que domina los tiempos y las trampas de ese arte oculto que llamamos política. Cuando Casado fue ungido como líder del PP, el PSOE se relajó y hasta descanso tranquilo. Un líder que no es líder, (porque para serlo hay que ejercer el liderazgo, ciencia desconocida para el conservador), nada brillante en la oratoria, sin reflejos. Subió a la planta noble de Génova no por sus valores, no le votaron a él, votaron cerrando el paso a Sainz de Santamaría.

Los estrategas del PSOE suspiraron, difícilmente se encontrarían con una oposición eficaz. Pero llego la Covid-19 y una señora de Madrid, cual Catalina de Aragón, arengó a sus tropas y se dedico a hacer oposición, a ejercer el liderazgo, alférez de complemento, fue la primera en el avance de las tropas y combatió con energía, y lo que es mejor, con éxito, las directrices emitidas por el gobierno central que a su juicio no tenían coherencia.

Tras la primera ola de contagios, toda la izquierda se lanzó a criticar el Hospital Zendal e hicieron de ello bandera del devenir político. La tercera ola puso de manifiesto la gran visión de construir ese centro hospitalario y la necesidad de este. Es innegable que cuando ha tenido que tomar medidas duras no le ha temblado la mano, como innegable es que, cual director de orquesta, consigue un delicado balance entre economía y salud.

Las crisis son pozos donde pescar oportunidades y Ayuso de Madrid tiene una caña excelente. Ha conseguido desbancar a Cataluña como primera región en el nivel de producto interior bruto, atrae inversores por las mejores condiciones fiscales que ofrece y los madrileños hoy son más felices que el resto de España.

Sánchez, visionario en el mejor sentido del calificativo, intuye dos cosas: Que la pandemia ha acercado en intención de voto a PSOE y PP, pese al CIS de Tezanos, y que Ayuso puede ser la próxima líder del PP, se lo está ganando con su gestión, y pudiera ser que allende el 2023, el superviviente viera amenaza su supervivencia.

A mí con Ayuso me pasa como con el cantante Rafael. Si escucho sus canciones me emociono, embeleso, amo su voz y le califico de genio musical, pero si le veo actuar pienso: “que payaso”. Si veo los resultados de la gestión de Ayuso admiro su modelo de hacer las cosas y los difíciles equilibrios trazado que hacen que los distintos intereses resulten lo menos perjudicados posible. Pero cuando aparece en la pantalla de mi televisor pienso: “Vaya, otra populista del 3 al 4” El dato cierto es que Rafael tiene en su haber un buen puñado de obras maestras de la canción y Ayuso presenta un buen balance de gestión. Cabe que ella solo sea el altavoz y el buen hacer sea mérito de su equipo, pero ya es sano que deje gobernar a su gobierno.

Y Sánchez, que lo sabe y lo ve, tiembla. Pinta color hormiga una elección nacional con Ayuso de Madrid teletransportada a Ayuso de España. Sabe el estratega que su plan para desbancar al PP de sus feudos autonómicos le ha salido rana, tan rana, que puede costarle el confort de la Moncloa. Por eso ha tenido que bajar a la arena del coliseo, a combatir con la gladiadora, con los leones y hasta con Pablo Iglesias si hace falta (por cierto, tiene otro grano en el culo a causa de otra señora llamada Yolanda, vicepresidente tercera).

La única vía de escape que tiene Sánchez es que Ayuso no gobierne en Madrid, aspirar a que no gane los comicios es una quimera, derrotarla y aparecer él como el gran salvador de Madrid, el miliciano que al grito de “No pasaran” de su “no es no” cerro la capital a las derechas.

La historia indica que la Guerra Civil Española fue el ensayo de la Segunda Guerra Mundial, mi opinión es que Madrid es el experimento de los próximos comicios nacionales.

¿Creen ustedes que la campaña electoral capitalina está siendo dura? Esperen, esto no ha hecho más que empezar, nadie se va a guardar nada en el arsenal. Madrileños y no madrileños, agárrense que en la política vienen curvas.

 

Próximamente, si actualidad me deja: «El PP tiene tres reyes y un as, pero no sabe jugar al mus»

Vicente J. Serrano

@vsv.opipolitica.org

www.opipolítica.org

Si quieres dar tu opinión...

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.